jueves, 12 de febrero de 2015

LA CAÍDA DE TOMÁS GÓMEZ


La expulsión y defenestración de Tomás Gómez por parte de Pedro Sánchez en el PSOE, aunque sea por motivos de sospechas de corrupción y de ya no ser rentable electoralmente el ex alcalde de Parla, no es más que un reflejo de lo que ocurre internamente en todos los partidos cara a la obtención de los mejores puestos en las listas electorales para las municipales y autonómicas que se avecinan. Todos los "liberados" de todos los partidos (es decir, los que viven a costa del partido -que se financia más con el dinero público que no con las cuotas de militantes-), cuando no del resto de la militancia, purgan y se disputan a cualquier precio por la obtención de los primeros puestos con los que puedan obtener más posibilidades de conseguir representación, es decir, los puestos de alcalde, concejal, o diputado, por los suculentos sueldos y demás prebendas que eso supone y que se votan ellos mismos para lucrarse. Digamos, pues, que priman los intereses personales, que no los intereses del electorado, que ya tiene bastantes problemas que soportar y que reclaman unas soluciones que no sólo nunca llegan, sino que las cosas en general acaban empeorando con más impuestos y mayor malestar social, con el añadido de más a la tragedia nacional.

 


Esto precisamente llama la atención sobre el sistema electoral que tenemos en España, que ha convertido las instituciones del Estado en el negocio particular de unos cuantos listos de turno que controlan los aparatos de sus propios partidos y que se aprovechan cada vez que hay elecciones, con la lotería a repartir entre los elegidos. Razón de más para pensar de que en nuestro país conviene más un sistema electoral de listas abiertas, en el que los ciudadanos puedan elegir directamente a los candidatos en función de sus méritos y capacidades demostradas. Sería una democracia mucho más representativa para los ciudadanos, que no esta actual democracia de farsa, en la cual los políticos lo primero para lo que están, es para lucrarse todo lo que se pueda con el cargo, y no malvivir con un trabajo precario e inseguro en la empresa privada como les ocurre a la mayoría de los ciudadanos. Por eso cada vez que hay elecciones, los dirigentes de los partidos hacen apuestas para poder conseguir y repartir la lotería del cargo que les toque, y de ahí que hayan tantos aspirantes, tantas disputas y tantas peleas internas, en las que si fulano va en este puesto de la lista, se convierte en un problema muy serio para mengano que igual aspiraba y considera que se merecía el puesto del otro.